Siempre pelearé por mi SanCris

Hace la friolera de casi 10 años que mi familia y yo llegamos a San Cristóbal; decidí comprar la casa en el barrio porque los precios eran los más asequibles de Madrid y estaba cerca de donde vivíamos antes y el colegio de mis hijos.
La primera vez que vine al barrio a visitar las viviendas que había visto en la agencia y me llevaron a la Plaza de los Pinazo nunca lo olvidaré, me pareció un pequeño pueblo dentro de Madrid, me dio esa sensación de remanso de paz dentro de una gran ciudad; por eso me decidí a comprar la casa. Esa plaza inmensa con todos esos árboles donde los niños, que por aquel entonces eran pequeñitos, podrían jugar sin peligro y en la misma puerta de casa.
Me embriagó esa idea, pero lo mejor estaba por llegar.
La nuestra es una gran familia, tanto de humanos como de perritos, por lo que salimos de paseo a menudo por las calles de San Cristóbal. Gracias a estos paseos he ido conociendo a la mayor parte de los vecinos de la zona y a los trabajadores de los comercios del barrio, los barrenderos, el personal de los centros deportivos y el campo de futbol, un sinfín de gente maravillosa que tiene la culpa de que mis paseos sean eternos, porque las charlas distendidas mientras te encuentras con unos y con otros por el camino son ciertamente enriquecedoras.
Me sorprendió muy gratamente la buena convivencia, quitando excepciones, como en todas partes, que tienen los vecinos, ya sean de un lugar de origen u otro.
Esto es una virtud que San Cristóbal posee, los amigos de mis hijos son de una infinitud de nacionalidades increíble, y después de tantos años y de haberlos visto crecer, son como una parte más de mi familia, algunos incluso me han adoptado de segunda mamá y vienen a pedirme consejo o simplemente a hablar y ser escuchados.
Estoy rodeada de tanto cariño, puede que por mi forma de ser. El hecho de estar siempre intentando ayudar al prójimo en todo lo posible fue por lo que acabé formando parte de la red de apoyo vecinal. Aquella experiencia fue enriquecedora a la par que desgarradora pues ver a algunas familias en auténticos apuros con criaturas pequeñas (y a veces los recursos que hay son escasos e ineficaces) y no poder hacer más lo hace demasiado duro.
También ver cómo el abandono de las instituciones tenía a San Cristóbal muy dejado de la mano de Dios en todos los sentidos me hizo ser muy peleona, porque SanCris es mi hogar, el hogar donde han crecido mis hijos y el resto de mis niños del barrio, y es tan parte de mí como yo de él, así que siempre pelearé por mi SanCris, igual que hacen cada día los compis de la Asociación vecinal La Unidad de San Cristóbal, que se dejan la piel de manera totalmente altruista y gracias a los que hoy por hoy el barrio está mucho mejor en muchos aspectos, sobre todo las instalaciones de uso comunitario, el ocio y la limpieza.
Me encantaría que la gente pudiera ver a través de mis ojos lo bonito que es San Cristóbal, tenemos un barrio espectacular para disfrutarlo. Su ubicación hace que parezca que no está en Madrid y que sus gentes sean más parecidas a la gente de un pueblo que de una gran ciudad.
Me gustaría hacer un último inciso y a todos esos necios que se dedican a decir que San Cristóbal es el barrio más peligroso de Madrid y bla bla bla, que dejen de decir sandeces y no hablen sin conocimiento que los que vivimos aquí nos sentimos muy orgullosos de ser de San Cristóbal.
Por Begoña Nuero, distinguida en 2024 entre las Mujeres que Dejan Huella