Vietnam, unas bravas de cine

Doviciano y Antonino (más conocidos como Fernando y Antonio) abrieron este bar de la calle Godella en 1971.
Este bar, lugar de encuentro en el barrio, podría servir de localización a una película ambientada en los años 70
El Vietnam es un lugar de encuentro sin pretensiones al que todos conocen por sus patatas bravas, consideradas por muchos críticos culinarios como “las mejores de Madrid”. Pero pocos saben que este bar podría convertirse en unos meses en uno de los escenarios protagonistas de una película.
Luis, quien atiende la barra de este conocido local desde 1987, nos comenta que una productora de cine ha venido estos días a ver el bar. Van a rodar una película en el barrio y el Vietnam podría ser, accidentalmente, uno de los centros de la acción debido a su estética de los años 70, que “es lo que andan buscando los del cine”.
Este local de la calle Godella poco ha cambiado desde que los hermanos Doviciano y Antonino ―más conocidos como Fernando y Antonio― subieran la persiana en 1971. Aún conserva las mesas y banquetas oscuras clavadas al suelo, una barra larga de acero inoxidable, una máquina registradora de la época, aunque las cuentas se hacen siempre a mano con papel y boli, una única carta apoyada en la pared y escrita con tiza y varias láminas de castillos colgadas en sus paredes. Muchos se atreverían a decir que lo único que se ha ido renovando es el televisor, siempre con las noticias puestas, que cuelga en una esquina del local.
El filme tratará de recrear el primer partido femenino que se disputó en España. Esta cita histórica se produjo el 8 de diciembre de 1970 en el campo de fútbol de Boetticher, situado en el barrio de Villaverde y muy cerca del Vietnam. Aquel encuentro en el que se enfrentaron el Sizam y el Mercacredit (más tarde llamado Olímpico Villaverde) logró reunir a más de 8.000 personas en sus gradas.
MÁS ALLÁ DE LAS PATATAS EN SALSA PICANTE
Mientras Luis, con mucha cautela, revela el vuelco que podría dar el Vietnam y su ya conocido nombre, pone unas cuantas patatas en la freidora, las saca, escurre el aceite y les da otra pasadita rápida. Igual, sin darnos cuenta acabamos de ver en directo el secreto de esta tapa siempre cocinada al momento. Pero si bien las bravas son la tapa más aclamada, quien recala en el Vietnam, “hasta 70 u 80 personas entre semana y más del doble el fin de semana,” sabe que no puede perderse las croquetas, los pinchos morunos o el zarajo para completar una mañana de picoteo al calor de una buena conversación.
Este bar, en el que sábado y domingo se mezclan parroquianos y turistas en busca de este sabor auténtico y un ambiente único, de lunes a viernes es uno de los lugares de reunión por excelencia para los vecinos de San Cristóbal. Desde primera hora de la mañana, van pasando vecinos a saludar a Luis y tomarse un café mientras comentan la actualidad del día. “Aquí charlamos de fútbol, ahora de la DANA de Valencia y procuramos no hablar de política porque esto es un pueblo y nos conocemos todos”, asegura Luis, quien afirma que “aunque hoy somos un barrio más internacional ―en clara alusión a las personas que han ido llegando a San Cristóbal procedentes de otros países―, no tenemos problemas de convivencia”. Esta opinión la comparten José y Antonio, dos jubilados que todos los días, a eso de mediodía, se toman un vermut en la barra de Luis mientras tratan de ponerle parches al mundo.
José y Antonio, que todavía son ajenos a lo que significa que se haga una superproducción en el barrio, podrían en unos meses ser actores secundarios o auténticos figurantes, porque nadie encarna mejor que ellos el auténtico espíritu de este barrio que ha despertado la curiosidad, incluso, de quienes trabajan en el mundo del cine. Por si acaso vayan pidiendo su autógrafo.